
La serie remite claramente a la pérdida de la inocencia: el padre ausente, el encuentro con la muerte y la herida cuya marca permanece contigo toda la vida.
La historia de dos hermanos determinados a redimir las marcas dejadas por sus pecados podría sonar a discurso religioso trasnochado. Sin embargo, la apuesta de Hiromu Arakawa —retomada en una segunda adaptación, esta vez más fiel al argumento del manga original —, desarrolla la idea de la transgresión desde la simiente misma del género. La redención se vislumbra como algo imposible. La Caída deja marcas indelebles que ni las mejores intenciones de los protagonistas pueden restaurar completamente. Estamos en un mundo donde el control sobre la naturaleza sale caro. No es llegar y volverse omnipotente. Hay que pasar por la aduana y pagar tarifa. Como en los mejores libros de fantasía, el control sobre la realidad te sale un ojo de la cara. Bienvenidos a Amestris. Bienvenidos a Full Metal Alchemist: Brotherhood.
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